¿Por qué leer Habitantes de mi tiempo?

Durante los últimos dos años, he asistido periódicamente al encuentro con Los habitantes de mi tiempo, historias que van de lo humano a lo fantástico y con frecuencia funden lo uno en lo otro.

Es cierto que no vemos las cosas como son, sino como somos. Estamos frente a una escritora compleja, rica, ilimitada. Los cuentos de Rebeca Gómez Galindo no soslayan aun la realidad más cruda, la enfrentan con optimismo, como el que intenta amansar un toro de lidia. Son actos de alquimia, transmutan la roca áspera en pepita de oro. Y el lector se siente parte de la transformación, porque la autora nos atrapa con la suavidad de la tarántula y nos hace olvidar que estamos leyendo, permitiéndonos ser parte de ese universo. En estos cuentos siempre hay esperanza, en este mundo o en el más allá, llegada de las manos del hombre o entregada por el puño divino.

Cuando escasean las virtudes, los habitantes de mi tiempo creen en los milagros, caminan sobre el filo entre lo humano y lo divino. Ángeles en las calles de la metrópoli,  alienígenas que intentan descifrar el misterio de la Navidad.  La autora altera la cosmología del mundo y supera la idea de que las historias del hombre solo pueden ser contadas por el hombre. Así, crea un universo donde convergen todas las voces. En El vaho del diablo, se vuelve San Francisco de Asís, y deja que hablen las aves. En Eze, habla por la botella. En Amor cuántico, las almas transmigran teniendo como fondo al Sena que añora convertirse en mar. La soledad de una niña de la calle encuentra la esperanza desde el cielo, y el resguardo en las alas de la  Mercuriana.

No espere el lector encontrarse con historias escolásticas. Los habitantes de mi tiempo son diversos, únicos, intensos. Superan los límites de lo conocido y se adentran en mundos más allá del nuestro (Palimar), transforman a una ciudad hostil en una caracola que protege y salvaguarda la vida (La caracola), arrojan sobre el lector sueños y símbolos, retándolo a descifrar el intrincado laberinto de lo onírico y ser parte de la historia (El buitre).

Los habitantes de mi tiempo son pinturas sin el límite del marco, la  autora da a luz personajes, les dibuja las líneas del destino en las palmas de las manos y los deja partir a enfrentar el hado. Por eso el lector ha de afrontar el libro sin certezas, despojado de la seguridad arrogante del que se siente conocedor del todo y permitirse el placer de la sorpresa, la sensualidad del juego entre los dioses, los héroes y los hombres. Deberá ser un niño frente al universo.

A través de estas páginas somos testigos de un desfile de prodigios, hechos  insólitos, ruptura de las leyes físicas, que asombran por su plasticidad y belleza,  Rebeca Gómez Galindo es la Scherezada que se propone la tarea de mantener  a los habitantes de su tiempo con los ojos bien abiertos, porque si la vida ha de continuar, será con historias.

 Alfredo Avalos (escritor)

© Rebeca Gomez 2012